Ha llovido en Calabozo, en estos meses como poco, nos tienen acostumbrados junio y julio, en años anteriores.
Y miren que hemos visto agua caer…
Trabajos de jardín y agricultura es lo que nos convendría en esta época, y aún así, corre riesgo la labor.
Los parques de nuestra ciudad e islas de nuestras avenidas, no dejan de sacar provecho a la magia de la lluvia.
Flores de bellos colores, tales como el jazmín falcón, el té rojo, ixoras, cufias, trinitarias y aloedas, entre otras; además de la mujer que las planta, componen la paleta polícroma con las que se adornan los jardines de las muevas plazas del moderno Calabozo.
Sin embargo, El verano, es preferido por el llanero por eso de que “en el verano es donde el llano es llano”.
Febrero y marzo, es la yunta que apersoga al llanero a los mejores días, en los que él dice sentirse “sabroso”.
Y por ser llano… el llano, cualquier lluvia larga y acentuada, hace que el llanero en su rancho, se mantenga en alerta, de claro a claro y de oscuro a oscuro, “como ellos mismos dicen”.
Sin embargo, el verano aguanta y llega hasta su fin, con restos que ha guardado del invierno, sin que el llanero pueda notarlo.
Si el verano amigo, le hablara al llanero, como le hablan los alcaravanes, las garzas y cualquier “bicho raro”, y declarara lo de su amigo invierno, para éste tiempo ya el llanero habría entendido, que el llano, es llano en verano, pero también, que el verano no es, sin el invierno.
Y miren que hemos visto agua caer.
En el invierno, se cuajan a su antojo, las maneras y razones con las que lucirá engalanado con toda la estética de sus multiformes colores, el llano en el verano.
El terrón del verano, antes, ha sido, terrón del invierno y en esa alternada intimidad, la húmeda estación, engendra y fertiliza, de manera diminuta, las vidas que el verano ayudará a nacer.
Y miren que hemos visto agua caer…
A Calabozo, le sientan bien, las lluvias, por su alfombra de monte y su piel de bosque, que merecen renovarse con verdes de “guanábana y mamón”; marrón de nísperos con marrón de tamarindos; amarillos y rojos de mereyes con amarillos de mango y “poncigué”, amarillos de hicacos, amarillos de sol, con amarillos de amarillo araguaney.
Todo eso pasa de verano en Calabozo.
Y miren que hemos visto agua caer
En la etapa más esplendorosa de la Historia Contemporánea de mi Calabozo, Estado Guárico, año 2007.
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